Dígale NO al SMS
Sí, hoy levanté el teléfono y llamé. Hacía mucho que no ponía eso en práctica.
¿Qué? ¿Qué hacía mucho que no hablaba por teléfono? ¡Ja! No…claro que no. Hablo diariamente por teléfono, pero no con las personas que quiero y menos para ponerme al tanto de como están…no. A ellos solo les suelo dedicar un sms.
Hay varios estilos que poco dicen y suelen ser imposibles de contestar por el mismo medio. Ejemplo: “¡Loca! Hace cuanto que no nos vemos… ¿todo bien? Beso” (sí…con palabras enteras. Odio las abreviaciones en los sms…o en general hablando). ¿Qué me van a contestar? Nadie dice “No…como el ort… el laburo me tiene estresada, mi novio no para de salir con sus amigos y no me da bola, me quiero ir a vivir sola y no me alcanza la guita…etc.…etc.” No. Lo más común sería recibir algo así como: “Sí, todo bien ¿vos en qué andás? besote” Y ahí….ahí una se encuentra en la posición que puso al otro en el primer mensaje y piensa: ¿Cómo logro escribir como estoy en cuatro renglones de mi maldito (pero amado) Nokia, que se cae a pedazos? Y resulta que no se puede. Decide entonces contestar lo obvio, lo clásico, lo que en realidad, nada dice: “¡¡Todo bien por suerte!!”.
De esta forma creemos estar comunicándonos con nuestros seres queridos y que por suerte, a ellos todo les marcha viento en popa, que la vida es rosa, que nadie tiene problemas y que no hay nada más interesante, profundo y/o personal que hablar. En resumidas cuentas: una mentira. Y acá es donde hago un stop y me pregunto: ¿Los sms, o las tecnologías en general, acercan o alejan a dos personas? ¿Cuánto permiten una relación profunda y cuánto una relación superficial y posmoderna? En lo personal no soy amante de la posmodernidad y lucho sms a sms para abrirme camino y encontrar aquellas personas y relaciones en donde la liviandad del “todo bien” no me baste.
Sí, hoy levanté el teléfono y llamé. Mañana nos vemos en persona.