Deseo vs Necesidad. Round 1.
Las personas, y particularmente los argentinos, tenemos una increíble capacidad para tergiversar pensamientos o situaciones de modo de ajustarlos a lo que nos conviene en ese momento. Algo así como acomodar la vela del barquito para donde mejor le pega el viento. Ejemplos sobran:

- Una presidente que ganó con el 46% pero nadie la votó.
- Un Maradona que era el Beckembauer argentino hasta que se comió 4 con, justamente, Alemania.
- Metaleros que tararean canciones de Bandana y le echan la culpa a la nena.
- Intelectuales que miran Showmatch y se desligan acusando algún familiar o amigo de turno.
- Etc etc...
Teniendo presente este tipo de situaciones, como para graficar el concepto, me viene a la mente una bastante particular. Una que si bien se da con mayor frecuencia en las mujeres, algunos hombres también incurrimos en ella. Y es eso de transformar el deseo en una necesidad imperiosa o la necesidad imperiosa en deseo que puede ser postergado
(en beneficio de algún otro capricho, claro). Suena rebuscado, pero no lo es tanto, y lo explicaré con 2 ejemplos de los cuales he sido testigo en las últimas semanas. Aunque hoy solamente les ejemplificaré la primera mitad... porque sino despues me quedo sin ideas, no soy tan creativo como parezco (?).
Transformando el deseo en una necesidad imperiosa
Yo me encontraba en local de carteras (ponele que Prüne) viendo posible regalo del día de la madre, aunque pensandolo bien, decir que me "encontraba" en el local es una falacia grande como el Maracaná... estaba completamente perdido y desorientado ahí adentro.
En fin, fuí bendecido con la siguiente situación:
Mujer entra a local de carteras acompañada de su marido, el cual ya sabe que la señora le va a reventar la tarjeta. El pobre tipo, según pude apreciar, entró engañado dado que la mujer cruzaba el umbral a la voz de: "No, es que NECESITO una carterita, pero chiquita, para las fiestas y eso viste? Para no llevar la otra negra grandota, si total uno nunca lleva más que unos pañuelitos, unas aspirinas, las llaves, el celular... por eso, algo chiquito."
Aquí quiero hacer un paréntesis para hacer justicia por mano propia en nombre del idioma castellano: La señora en cuestión abusó sistemáticamente de la utilización del "No" adelante de casi cualquier frase, y eso es algo que me revienta soberanamente las pelotas. Vieja conchuda y la puta madre que te parió!
Acto seguido el marido le señaló una carterita bastante elegante, chiquita, y delicada que la mujer rechazó dando los primeros indicios de su verdadero objetivo. Aunque debo reconocer que salió del paso con elegancia justificando un "NO, si, es linda... pero ya tengo una muy parecida" (Nota machista: las mujeres siempre tienen algo parecido a lo que a vos te gustó, pero que ellas no quieren comprar). Pero aquí el detalle no es que tengan una parecida, ya que habitualmente tienen 200 carteras, sino que mientras le decía que no, su mirada brillaba a causa de una de las vedettes del local que se encontraba en la otra punta del establecimiento carteril. El fraude empezaba a consumarse...
A todo esto el hombre ya había cambiado su semblante, dado que la señora se acercaba peligrosamente al sector donde están las carteras tamaño valija cuyo precio alcanza valores de 4 cifras. Y encima sumale que esas carterotas poco tenían que ver con la descripción que su mujer le había dado. Si le hubieran visto la cara, decía algo así como: "Yo soy un boludo que le creo a esta yegua y entro como un chorlito, siempre". Les juro que me dió mucha risa, pero al mismo tiempo pude sentir su tristeza, casi que la compartí. Y más cuando intentó esbozar un: "Pero vos no me dijiste que tenías que comprarte una cartera chiquita?".
Y más cuando la yegua le contestó, y aquí está el punto sobre el cual reflexiona este post: "NO, si, pero me acordé que hace poco Lucía (la nena) se compró una re linda y despues le voy a preguntar donde. Y además justo ayer la que uso para salir, cuando vamos a cenar, viste? Bueno, esa justo ayer medio que se rompió y necesito una que pueda usar más seguido también, porque no tengo una asi linda, y tiene que ser más o menos grande porque sino no entra nada. Necesito más bien una de este estilo -señalando un cartel que ostentaba un violento $3900- porque no puedo andar con cualquier cosa, al trabajo (abogada la señora segun pude oír) y ... bla bla bla..."
Esa mujer dió un monólogo de 4
minutos que incluyó 150 invocaciones de la palabra "necesito" en un clarisimo (y posteriormente efectivo) intento por convencer al marido de que lo que en realidad necesitaba era ESA cartera en particular por su multi-uso, su polifuncionalidad social y particularmente por su cómoda portabilidad y amplio espacio (era INMENSA). Todas mentiras mal paridas por un irrefrenable deseo de conseguir la presea más valiosa, la cual le permitiría luego presumir frente al grupo de amigas y así elevar su rango dentro de la manada. Escena que ya había imaginado 16 veces en el trayecto desde que dijo "La llevo" hasta que enunció su intención de abonarla en 12 cuotas ante la mirada atónica del pobre hombre que veía escapar $3900 en un aditamento de cuero que jamás llevaría elementos de similar valor en su interior. Todos sabemos que en la cartera llevan boludeces y nunca, repito: nunca, tienen una aspirina o pañuelitos cuando son necesarios.
En mi interior pensaba "Mirá qué hija de puta como le dió vuelta la tortilla al pelado" (porque el tipo era pelado)... pero luego, profundizando en mis comportamientos me di cuenta de que yo también sufro de este sindrome. Aunque esa es historia para el siguiente round...
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